miércoles, 8 de abril de 2020

Mucho trabajo y pyp

La segunda semana en Qatar consistió también en cursos de formación y tiempo en las aulas para prepararnos para el comienzo de las clases a la semana siguiente. En esta segunda semana ya pude conocer al resto de l@s compañer@s de la escuela. Pude conocer a todo el mundo aunque mi mundo diario luego se limitase a la gente con la que estaba en el día a día, el resto de mis compas de segundo fundamentalmente, un@s cuant@s especialistas y l@s de tercero, básicamente porque sus clases  estaban al lado de las nuestras. Mi equipo éramos una polaca-americana, una americana, otra americana original de Puerto Rico y un neozelandés, al que me costaba mucho entender por el acento. Yo era la única nueva en este grupo.

Y llegó la primera semana de curso. Conocí por fin a mis 22 alumnos, todos qataríes. Y empecé a pasarlo mal en muchos aspectos. Para empezar, el programa que tenía que seguir y el cómo enseñarlo, primer problema. Yo venía de la escuela tradicional, libro de mates, de lengua, de esto, de lo otro, cuadernillos, fotocopias, etc. Aquí nada de nada de eso. Todos los recursos del mundo pero nada de libros de texto, y eso, en mis esquemas mentales era el caos, "¡¿yo cómo enseño si no tengo libros de texto?!". Aquí fue cuando me topé con el PYP, el programa que se implementaba en mi cole, y el  inquiry-based learning, que me las hizo pasar canutas hasta que empecé a pillarle el truquillo.

Si quieres saber un poco del PYP échale un ojo a esta página:
 https://www.ibo.org/es/programmes/primary-years-programme/what-is-the-pyp/ Está en español y en español le llaman PEP en vez de PYP.

Si quiere saber del inquiry-based learning mira esta página en inglés:
https://en.wikipedia.org/wiki/Inquiry-based_learning
o esta en español:
https://es.wikipedia.org/wiki/Enseñanza_reflexiva

Para resumir, digamos que los niños aprenden por medio de la exploración, y tú, como profe, les vas haciendo preguntas para guiar su exploración, algo así, supe- mega abreviado. Pero claro, mi problema era que yo no sabía de esta línea de trabajo así que hasta que empecé a entender de qué iba el tema pasaron meses, unos meses en los que las pasé CANUTAS. Mis compas de segundo me intentaban ayudar en todo lo que podían y además tuve una ayudante durante unos meses, una profe de apoyo con mucha experiencia en el cole que también me sirvió de gran ayuda. También me hice muy amiga de una de las profes de tercero que tenía experiencia en esto y también me guió bastante. El caso es que, como estaba tan perdida en este tipo de enseñanza, curré muchísimo, me tiraba jornadas maratonianas de trabajo, como cuando estaba recién llegada en Houston, llegué a tener días de llegar al cole a las 6:30 am y marcharme a las 6pm. Esto sólo lo hice dos semanas al comienzo pero como veía que era excesivo opté por frenar un poco porque no quería agotarme. Al comienzo, en los primeros dos meses, también iba a trabajar una mañana del fin de semana para intentar suplir mi desconocimiento con trabajo duro. Poco a poco le fui pillando el truquillo al tema hasta que ya pude hacer jornadas laborables normales, aunque siempre me quedaba cerca de una hora más en el cole. Y por fin conseguí no ir nunca en fin de semana.

En enero por fin l@s novat@s pudimos asistir a un curso acerca del PYP,  que era el programa que se implementaba en nuestro centro, este inquiry-based learning que me traía por la calle de la amargura, y tras el curso empecé a entender las cosas un poquito mejor, sólo un poquito.


Primera semana en Qatar

La primera semana en Qatar fue muy intensa y amena. En este cole nuevo éramos much@s l@s novat@s, como treinta personas, la mayoría mujeres, como suele ser habitual en la enseñanza, repartid@s por todo el cole, desde los bebés hasta l@s alumn@s mayores. Esta es una escuela gigante, la mayor en la que yo haya trabajado nunca. Esta vez yo no era la única española, también había otra chica, casada con un inglés, profes los dos en Secundaria.

Casi tod@s l@s profes nuevos vivíamos en mi misma urbanización, Education City Community Housing, que para abreviar llaman ECCH. Los anglosajones siempre abreviando, siempre con sus acrónimos, que me ponen mala. Recuerdo cuando llegué a Houston, novata total en este tema de los acrónimos, es que me volvía loca, no entendía nada! Esta vez el tema ya no me pilló desprevenida y cada vez que oía uno nuevo lo anotaba para irlos aprendiendo y no tener que estar preguntando constantemente que significaba tal o cual cosa. En fin, volvamos al tema de la casa. Tod@s vivíamos en ECCH que también llamaban The Lots, y como en realidad la urbanización está formada por dos unidas por un puentecito pues las llamaban Lot 1 y Lot 2.

La primera semana consistió en cursos de formación muy intensivos en la escuela, papeleos tipo abrir una cuenta bancaria o hacer el carnet de conducir qatarí y también ir de compras. De todo se encargó la escuela, la verdad es que todo super bien organizado, y tiene mérito porque éramos muchísima gente de la que encargarse aunque supongo que también estaban acostumbrados por hacerlo todos los años. Como ninguno teníamos coche y en Qatar no se camina, la escuela nos recogía cada mañana en dos minibuses. Yo, como tod@s, esperaba por el bus dentro del portal de mi edificio, no salía hasta que no veía el bus parado delante de mi casa porque en el edificio había aire acondicionado hasta en el portal. Esperar por el bus afuera era impensable por el calor horroroso que hacía, y eso que era temprano, 7:30 de la mañana!

La cuenta bancaria la abrimos tod@s a la vez. Entre cursillo y cursillo vino un representante del banco, nos dio a tod@s la documentación a cubrir, se la llevó y ya ese mismo día teníamos cuenta abierta y tarjeta de crédito lista, todo muy conveniente, especialmente porque la oficina del banco estaba dentro mismo de la escuela, no había que ir a ningún sitio. Y además teníamos otra oficina de nuestro banco en el pequeño centro comercial justo al lado de los Lots, de nuestra urbanización, o sea que todo super cómodo, la verdad que sí.

Para hacer el carnet de conducir, por una vez en la vida ser española, ser europea, fue mejor que ser norteamericana, y es que los europeos conseguíamos el carnet de conducir qatarí automáticamente, simplemente presentando la solicitud, copia de nuestro carnet de nuestro país, un par de fotos, pagar algo y ya. En cambio, l@s american@s tenían que hacer los exámenes, teórico y práctico, un rollo. De todos modos, esto cambió y al año siguiente todo el mundo tenía que hacer los exámenes, los españoles también. Para hacer el carnet nos llevaron a las oficinas centrales de Tráfico a los 10 que éramos el grupito de europeos. El edificio es precioso y enorme. Allí esperamos tranquilamente nuestro turno sentados en unos sillones, cómodos y fresquitos, charlando. Cuando nos tocó hacer la gestión fue nuestro primer contacto con la realidad qatarí, cara a cara, o casi, porque la persona que me atendió era una mujer tapada de negro de la que sólo pude ver los ojos, la primera de miles que vi así.

Tras los cursos en la escuela por las tardes nos daban la oportunidad de llevarnos de compras. Como aún no teníamos coche esto nos venía muy bien porque de nuevo nos recogían en los minibuses y nos llevaban y traían. Un día a hacer compra grande al Carrefour, otro día al Ikea, otro día a conocer tal o cual centro comercial, la verdad es que esto nos fue muy útil.

Los cursos de formación eran muy intensos porque abarcaban muchas cosas totalmente nuevas para mi, hablaban de cosas de las que yo apenas había oído hablar nunca y me encontraba muy perdida. La suerte(mal de muchos, consuelo de tontos) era que casi tod@s estábamos igual. Nos decían "no os preocupéis, ya lo iréis entendiendo a lo largo del curso" pero eso no nos consolaba en nuestro agobio, agobio que aumentó en cuanto empecé a trabajar y que me las hizo pasar canutas.

Durante esta primera semana conocí a una de las compañeras de mi curso, Kasia, que además de compañera de curso también era la coordinadora de todos los cinco Segundos. Kasia fue una bendición. La conocí al día siguiente de llegar. Ya nos habíamos comunicado vía email porque en cuanto yo firmé el contrato me escribió para ponerse a mi disposición para ayudarme en lo que me hiciera falta, aclararme dudas o lo que surgiera así que en cuanto llegué organizamos para quedar. Ella sabía que yo no conocía a nadie y que estaba sola así que me llamó el primer día (ya Paul le había dado mi número) y vino a recogerme. Fuimos a tomar un café, otro día me llevó al Ikea, me invitó a comer a su casa con su familia, muy maja, muy pendiente de mi. Kasia fue de gran ayuda todo el tiempo, no sólo esta semana sino los dos años que estuve en esta escuela porque es muy buena gente y una gran, gran profesional de la que aprendí mucho, y más que pudiera haber aprendido. De l@s profes veteran@s de la escuela la única que pude conocer de mi curso durante la primera semana fue ella porque los demás aún seguían de vacaciones fuera del país, llegarían la semana siguiente que sería para preparación de las aulas y también de formación, todos juntos, novatos y veteranos.

martes, 7 de abril de 2020

Bye bye, Eritrea. Hello, Qatar.

Mayo en Eritrea es mes de celebraciones. En Mayo celebran el aniversario del fin de la guerra por la independencia de Etiopía, guerra que duró 25 años. Si quieres saber más del tema haz click en este enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_entre_Etiopía_y_Eritrea.

En Asmara se nota porque durante todo el mes hay muchas actividades culturales, conciertos en los teatros y conciertos en la calle, desfile y fuegos artificiales como fin de fiesta. Está muy bien, la ciudad tiene mucho ambiente, llena de gente, a veces hasta demasiada, tanta que te cuesta moverte por la ciudad.

El primer año estas fiestas las disfruté mucho, el segundo año algo menos porque ya estaba empezando a contar las semanas y los días para marcharme. Aunque mi experiencia en Eritrea fue muy positiva al final ya tenía ganas de irme. Paco ya se había marchado a Cuba a principios de mayo y a mi ya sólo me quedaba el final de mi estancia, con lo que eso supone de stress al recoger tus cosas, y deshacerte de muchas que te sobran. Además, ya estaba en pleno trajín de papeleos a distancia para irme a Qatar, trajín que fue horroroso y estresante.

Ese verano de transición entre Eritrea y Qatar seguí con el stress de los papeleos a lo que sumé boda rápida en Cuba y despedida hasta a saber cuándo porque a él, siendo médico, no le dejaban irse del país así como así. Tardamos muchos meses hasta poder volver a vernos.

El caso es que a mediados de agosto llegué a Qatar, en vuelo de Qatar Airways pagado por mi nueva escuela. ¡Qué bien se viaja en Qatar Airways, qué gozada, la mejor aerolínea que conozco! Al llegar a Qatar me estaba esperando en el aeropuerto mi director, Paul. La verdad es que estaba genial llegar a un lugar nuevo y que te recibiera alguien que conoces y que aprecias, porque Paul es un tipo muy muy majo, me cae genial, da super buen rollo. Ya mismo en el aeropuerto fuimos a comprar una línea de teléfono para poder estar comunicada. Y me llevó a casa. ¡Menuda casita, qué chula! Me encantó mi casa nueva. Era un apartamento luminoso y amplio de dos dormitorios con vestidor y dos baños completos. La escuela había tenido el detalle de dejar algo de compra hecha, con unos víveres de primera necesidad para esa primera noche y el primer día, además de sábanas, almohadas y edredón nuevos. Toallas no, me sorprendió eso, pero menos mal que yo traía un par de toallas conmigo por si acaso. Paul me enseñó el apartamento y en cuanto comprobó que yo estaba a gusto y con todo resuelto se marchó para dejarme descansar porque era ya algo tarde, prácticamente hora de ir a dormir. En el apartamento también había wifi, así que lo primero que hice fue conectarme inmediatamente con familia y amigos para enseñarles mi casita nueva. Estaba encantada.

Al día siguiente Paul volvió a recogerme por la mañana y me hizo un tour de lo que iba a ser mi nueva vida. Me enseñó las instalaciones de donde vivía y de la escuela, todo impresionante. Mi escuela nueva era Qatar Academy, (https://qataracademy.edu.qa/) perteneciente a Qatar Foundation (https://www.qf.org.qa/). QF tiene varias escuelas en Qatar, no sólo en Doha sino también en varias ciudades cercanas, además de universidad, centros de investigación, etc, y la mayoría de los que trabajábamos para QF vivíamos en esta urbanización.

Mi apartamento estaba dentro de un complejo residencial formado por dos urbanizaciones unidas por un puentecito, por las que solo se podía acceder por sendas entradas en las que hay control de seguridad. Si vives en el complejo tienes una etiqueta que llevas visible en el coche y cuando los vigilantes de seguridad la ven te dejan pasar automáticamente. Si no tienes esa etiqueta los vigilantes te paran, te preguntan a qué apartamento vas, a visitar a quién, y anotan tu nombre, tu número de carnet y tu teléfono, todo super controlado. Esta urbanización está formada por casas de dos pisos en las que hay apartamentos de uno y dos dormitorios, y casas unifamiliares de dos y tres dormitorios con jardín. Todos los edificios son prácticamente iguales y están en medio de jardines y árboles, todos lo jardines y todos los árboles que se pueden tener en medio del desierto. Las casas son todas tan iguales que al comienzo me resultaba imposible reconocer la mía, sólo sabía que era la mía por el número del portal. No me atrevía a salir a dar una vuelta por miedo a perderme, aparte de por el calorazo inhumano que hacía en Qatar en agosto, con ese calor no se podía estar en la calle, menos mal que el aire acondicionado de casa funcionaba bien que si no te morías. En este enlace que encontré en internet puedes cotillear cómo es una de las casas grandes de la urbanización, pertenece al blog de algún profe que llegó años antes que yo: http://doha-letters.blogspot.com/2011/11/education-city-community-housing.html

En la urbanización sólo había viviendas, ninguna tienda ni bar ni nada de nada, sólo viviendas. Al lado de la urbanización había un centro comercial pequeño con un supermercado bien surtido, un banco, una peluquería y unas cuantas tiendas más, todo servicios de primera necesidad que nos pudieran solucionar la papeleta a los residentes de mi urbanización y otras cercanas. Este pequeño centro comercial estaba relativamente cerca de mi casa, caminando sólo se tardaban unos  15/20 minutos, en realidad era cerca pero con los calores inhumanos de agosto no se podía ir caminando, la única opción era ir en coche con el aire acondicionado a tope.

También al lado de la urbanización había un club social cuyos miembros éramos los residentes de mi urbanización porque todos trabajábamos para la misma empresa, Qatar Foundation. Este club social estaba fenomenal, tenía piscina, restaurante, gimnasio, sauna, spa, masajistas, cancha de tennis, de squash, sala de juegos. Muy completo, la verdad.

Paul también me llevó a ver mi nueva escuela. IM-PRE-SIO-NAN-TE. La mejor escuela que haya podido ver nunca en cuestión de tamaño, recursos, bonita, ESPECTACULAR, nunca volveré a trabajar en ninguna escuela tan bonita, eso lo sé porque es imposible. Si no se ve no se cree. Para empezar es enorme, tan grande que te pierdes. Cubre todo, desde guardería de bebés hasta los alumnos mayores a punto de irse a la universidad. Yo iba a trabajar como tutora de un segundo, y había 5 segundos, con 22 niños de media por aula. Mi clase era gigantesca, como prácticamente todas, con mucha luz, y daba a un jardín interior que compartía con otras 3 clases de segundo.

La clase era tan grande que cabían 6 ó 7 corchos grandes en las paredes, una alfombra grande para sentarse los niños en plan asamblea, dos alfombras grandes más, mesas de diferentes tamaños y formas, varios armarios y estanterías y una pizarra digital enorme, un desfase.

Los pasillos de la escuela eran anchos, y formaban salones abiertos con sillones, mesas y zonas de juego cada cierto número de clases, aparte de que daban a patios de juegos abiertos que comunicaban varios de estos salones. La escuela era tan grande que te perdías, yo tardé mucho en aprenderme el camino a mi clase.

La escuela tenía también un salón de actos enorme, otro más pequeño, clases de música, gimnasios, clases de arte. Pero además tenía piscina olímpica para clases de natación en horario escolar, que se podía utilizar también fuera del horario escolar. Y cafetería enorme con comidita que a mi me parecía bastante rica. Y a mayores, para tratar bien a todos los profes de la escuela, tenían una cafetería tipo Starbucks, banco, gimnasio, spa, sala de masajes y no recuerdo si algo más. Lo dicho: ¡IMPRESIONANTE!

lunes, 6 de abril de 2020

Calentando motores para Qatar.

Mi contrato en mi cole en Eritrea era por dos años. En octubre o noviembre del segundo año tuve que decidir si me quería quedar un tercer año o no y decidí que no. Tuve que presentar un escrito oficial al director diciéndole que no me quedaría un tercer año y así él pudo ya empezar a buscar a alguien para sustituirme al tiempo que yo también empecé a buscar cole nuevo. Esta vez no era tan sencillo porque estando en Eritrea, con el malísimo internet que teníamos allí, la cosa se presentaba complicada pero se pudo hacer.

Para darme de alta de nuevo en la página web que yo utilizaba para buscar trabajo internacional tuve que aprovechar mi viaje a Dubai en octubre. Allí reinicié el proceso aprovechando el internet del hotel. Dubai ni me gustó ni me disgustó, un sitio grande, con lugares grandes y caros en medio del desierto, ¡qué poco sabía aún que acabaría en un lugar similar! Lo que más recuerdo de Dubai fue cuando fui a ver el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo. Estaba delante de él y lo que se me vino a la mente fue la imagen de aquella mamá en Asmara durmiendo en la calle con su bebé y su hijito de 3 años, qué injusto es el mundo, esa es la impresión que me dio Dubai, un recordatorio de lo mal repartido que está el mundo, especialmente viniendo de un país como Eritrea.

Al regresar de Dubai, aterrizando en el aeropuerto de Asmara, tuve la oportunidad de ver algo que no se suele ver pegado a un aeropuerto: ¡un avión estrellado! Este eran los restos de un avión de la guerra. Impresionante ver algo así cuando estás aterrizando.

El caso es que en cuanto tuve mi cuenta reactivada me puse a trabajar en buscar nuevo destino internacional. Cada día recibía un email con la lista de puestos disponibles, yo los analizaba y si me interesaban les enviaba un email. Así estuve durante un mes y pico hasta que una mañana recibí un correo de mi primer director en Asmara, Paul. Él estaba en ese momento en Qatar de director de una escuela. Me contaba que en su cole había una vacante en segundo y que si me interesaba yo podía ser candidata a ese puesto. ¡Subidón, subidón! Le dije que sí inmediatamente. Me envió información de la escuela y concertamos una fecha para hacer una entrevista telefónica. Ahí me explicó un poco más detenidamente que el cole era muy grande, tenía primaria y secundaria, y él era el director de Primaria. Tras la entrevista con él tuve que hacer otra con el director de toda la escuela cosa que hice un par de días más tarde. Quedamos en que si yo les interesaba se pondrían en contacto conmigo pronto. ¡Y tan pronto! Al día siguiente de esa entrevista me enviaron un mail con más información de la escuela y el contrato para firmar si yo estaba interesada. ¡Menuda emoción! Como yo no soy tan experta en este mundillo de las escuelas internacionales le pedí a Colin, mi director en ese momento y alguien en quien yo confiaba, que le echara un ojo al contrato para yo quedarme tranquila de que estaba bien, de que hacía lo correcto firmándolo. Él le dio el visto bueno así que p'alante!

A partir de ahí empezó el proceso de papeleo para ir a Qatar. Fue una completa pesadilla. A diferencia de para Eritrea, en donde el proceso del papeleo había sido muy sencillo, para Qatar fue un horror. Además, como yo estaba fuera de España, sin mis documentos de mis títulos a mano, y sin una embajada española cerca, yo no podía hacer nada así que tuve que enredar a mi familia y a un amigo de Madrid para que me ayudaran con este tema. Fue, como digo, un horror de papeles que nos tuvo enredados desde enero hasta agosto. super estresante tanto para ellos como para mi. Que si homologaciones en el ministerio de educación, que si sellos de la embajada de Qatar en Madrid, que si certificados con mil sellos de esto y de lo otro y de lo de más allá, lo dicho, un horror, si ahora tuviera que volver a empezarlo no lo haría, renunciaría a esa plaza, si lo llego a saber no voy.

Cambios: de curso, de casa, de moneda...

Mi primer curso en Eritrea lo empecé como profe de Primero pero eso sólo duró un mes y pico. Pasado ese tiempo una mañana vino mi dire a hablar conmigo para explicarme que me tenía que pasar a Segundo porque el profesor nuevo que supuestamente iba a dar clase ahí no había conseguido el visado y no podía venir a Eritrea. Así que me cambié a Segundo, de 6 alumnos a 22, bastante cambio. Aún así, los 22 eran majos y salvo un par de casos con alguna incidencia fue un curso muy agradable, mucho. La suerte fue que en mi segundo año recuperé a mis antiguos alumnos de Primero, cuando subieron a Segundo, y como ya nos conocíamos fue un año muy agradable, estupendo, probablemente el mejor de mi vida profesionalmente hablando. A los 6 que eran inicialmente se sumaron 5 más con lo que tenía 11 pequeñajos super majos. Uno de ellos, Marwan, era super simpático, muy querido por sus compañeros, tanto que después de unas vacaciones él tardó en regresar una semana más que el resto. Todas las mañanas sus compañeros preguntaban por él, " ¿Y Marwan, no viene hoy? ¿ Y Marwan, no viene hoy?". Así un día tras otro, durante una semana, todos los niños de la clase. Hasta que por fin regresó Marwan! Lo recibieron con aplausos! Y fueron a abrazarlo. Fue genial. Es que Marwan es mucho Marwan!

En este Segundo tuve una niña italiana. Ella, al principio, no hablaba absolutamente nada de inglés. Yo había conocido a su padre en algún evento fuera de la escuela, él pensaba meter a sus hijas en la escuela italiana pero al saber que yo estaba en la escuela internacional, que yo también hablaba italiano y sería la profe de su hija mayor, se animó a matricular a sus dos hijas en mi escuela, pensando que al comienzo les podría venir muy bien a las niñas el poderse comunicar en italiano si hiciera falta. Así fue. Yo daba mi clase en inglés pero hacía una traducción rápida al italiano para ella, tratando de combinarla con inglés para que ella también fuese aprendiendo lo más posible. A veces me confundía y daba la explicación general a la clase en italiano y a ella en inglés, provocando las carcajadas de los niños, "¡Profe, que nosotros no sabemos italiano!". A menudo, durante los recreos, ella venía a mi a preguntarme cómo se decía esto o aquello en inglés. Era divertido. La nena aprendió inglés rápido porque era muy espabilada y además sus padres ayudaron también muchísimo en casa. Una gente estupenda, la verdad.

En mi segundo año en el cole llegaron compañeros nuevos a la escuela, dos parejas jóvenes, una de Irlanda y otra de Nueva Zelanda, y un chico Canadiense. Eran gente maja así que nos llevábamos bien. Sólo tenía un problema y es que a las chicas no las acababa de entender todo lo bien que quisiera, no sé qué pasaba con su acento pero es que no conseguía entenderlas tanto como quisiera. Y es raro porque a los chicos los entendía sin problema, perfectamente, pero a ellas no, qué rabia me daba, especialmente con la irlandesa, que es muy sociable y muy divertida pero a menudo me quedaba con la mitad de lo que contaba. Menos mal que no fue ella la que me tuvo que entrevistar para ir a Eritrea, si no no habría conseguido el trabajo! ;.) De nuevo, hubo demostración de lo pequeño que es el mundo. Resulta que la pareja irlandesa venía de estar trabajando unos años en Dubai. Allí habían conocido, por medio de unos amigos comunes, a Jason, un profe que había estado en nuestra escuela de Asmara el año anterior. Jason trabajaba por aquel entonces en Arabia Saudi y a menudo se iba a Dubai de fin de semana a ver a sus amigos que, casualidades de la vida, eran amigos de esta pareja irlandesa. Lo dicho, ¡qué pequeño es el mundo!

Con el chico canadiense también conecté muy bien, es un super viajero que ya lleva más de 100 países visitados y a mi los super viajeros me llaman mucho la atención, siempre tienen historias interesantes que contar. De hecho, estando en Eritrea este compañero fue el tercer super viajero de más de 100 que conocí.

En mi segundo año en Eritrea me cambié de casa. La escuela me ofreció la oportunidad de mudarme a una casa en el centro que sabíamos que tenía más horas de electricidad diarias así que allá me fui. La casa estaba bien, muy céntrica, más cerca del cole, cerca de todo, y la electricidad era casi continua. Pero tenía más problemas con el agua. Y eso sí que fue un problema, no todo el tiempo pero sí hubo varias ocasiones de vernos casi sin agua. Teníamos un pozo del que teníamos que estar muy pendientes cuando el nivel de agua bajaba más de la cuenta. En ese momento yo avisaba al cole y el gerente llamaba para solicitar un camión cisterna que nos lo llenaba. El problema era que a veces llamabas a solicitar el camión pero no había agua, y aunque tú la pidieras y la pagaras si no había agua no había y te tenías que aguantar. Así que nos encargábamos de tener siempre muchísimo cuidado con el agua. Teníamos un barril grande siempre lleno de agua para las emergencias. Nos duchábamos con cuidado: teníamos un cubo dentro de la ducha que íbamos llenando con el agua mientras se iba calentando, luego con un cazo nos íbamos duchando con ese agua para aprovecharla bien, no desperdiciar ni una gota, y la verdad es que esa ducha con el cazo me resultaba agradable, no me molestaba en absoluto. Me lavaba el pelo con la cabeza boca abajo con dos cubos. Uno para el agua que se iba calentando y luego con el cazo me iba mojando el pelo. El segundo cubo en donde iba cayendo el agua enjabonada. Este segundo cubo lo aprovechábamos para la cisterna. La verdad es que esto me parecía tan bien, tan correcto, la cantidad de agua que desperdiciamos tontamente en el día a día. Yo desde entonces, y aún ahora en España, en la ducha siempre tengo el cubo de la fregona que voy llenando con el agua de la ducha mientras se va calentando, y luego la aprovecho para la cisterna del wc. ¡Cuántos litros de agua limpia se malgastan absurdamente!

La casa de mi segundo año estaba mejor, sí, en muchos aspectos pero cuando miro en perspectiva creo que probablemente hubiera sido mejor haberme quedado en mi primera casa, era más bonita, y no habría tenido los problemas con el agua que tuve en la segunda, problemas que en un par de ocasiones fueron agobiantes. Lo positivo del caso es que aprendí a valorar el agua, no nos damos cuenta de lo lujo que es abrir un grifo y que salga agua.

En el segundo año hubo una temporada en la que no había pan, por el motivo que sea, no había harina en el país y nos quedamos sin pan. Era una cosa tan extraña, no poder comprar algo tan sumamente básico. Afortunadamente esto duró poco tiempo, quizá un mes pero se hacía rarísimo.

Otra cosa rara que ocurrió en el segundo año fue el cambió de moneda. Lo malo es que esto no duró un mes sino que duró hasta que me fui. En noviembre más o menos el gobierno anunció que cambiaban la moneda. Seguiría siendo el nakfa pero habría unos nakfas nuevos. El problema era que los nakfas viejos sólo se podrían utilizar hasta enero, a partir de ese mes dejarían de tener validez, lo que suponía un gran problema para la gente que tuviera ahorros. Yo cobré en nakfas nuevos ese mes y acabé cambiándole mis nakfas nuevos por nakfas viejos a un amigo, sabiendo que yo los gastaría antes de que dejaran de tener valor. La verdad es que fue un lío. Pero además de este trajín hubo otro mayor, más complicado.

Aparte del cambio de moneda a partir de enero el gobierno introdujo otro cambio importante que supuso un gran trastorno: sólo se podían gastar 3000 nakfas en metálico al mes, si gastabas más de eso sólo lo podías pagar con cheque. ¡Menudo follón se armó! Tardamos un tiempo hasta que empezamos a controlar la situación. La solucionamos abriendo cuentas a débito en los lugares donde consumíamos habitualmente(las tiendas de alimentación, los restaurantes) en donde nos anotaban los gastos que hacíamos mensualmente, gastos que yo también anotaba en una libreta, para llevar control. Al acabar el mes les pagaba con un cheque y vuelta a empezar. Un trajín hasta que normalizamos la situación.

jueves, 2 de abril de 2020

Bicicletas, cervezas y bolsas de la compra.

En Eritrea mucha gente se mueve en bicicleta, gente mayor, gente joven, eso sí, ahora que lo pienso, hombres mayores sí la usan pero mujeres mayores no. Llegó un momento en que hasta yo me compré una bicicleta animada por Paco. Yo ni me lo había planteado y de entrada no quería, fundamentalmente porque me daba miedo. Yo apenas me había montado en bici de niña pero sí sabía andar en bici, poco y mal pero sí sabía. Está visto que eso que dicen que "cuando aprendes a montar en bici nunca se olvida" es verdad. El caso es que nos las compramos. Paco super bien porque está habituado, en Cuba la usa constantemente, pero yo iba con miedito. De hecho, tuve que practicar con ella por mi calle al comienzo porque no las tenía todas conmigo pero afortunadamente poco a poco le fui cogiendo el tranquillo y ya iba bien, con prudencia pero tranquila. Mi bici era de paseo, con una cesta, muy bonita, la verdad, y muy cómoda, esa cesta venía fenomenal.

En cuanto la compré empecé a ir a la escuela con ella. Tardaba como 20 minutos en llegar, un ejercicio estupendo, así estaba yo de en forma! Tuve que aprenderme la ruta porque iba por unas calles diferentes a las que solía tomar en taxi y ese camino no lo conocía pero Paco sí así que él me guió unas cuantas veces hasta que me aprendí el camino. La verdad es que era super chulo ir al cole en bici, me encantaba y lo echo de menos. Temprano por la mañana, poder ver, al ritmo de una bicicleta, cómo se despierta la ciudad, la gente que va al trabajo, los niños al cole, ser parte de ese despertar está genial. Había que tener cuidado con el tráfico, no porque fuese mucho pero a veces las normas de conducción o no las sabían o les daban igual y llegabas a ver auténticas salvajadas que podían ser peligrosas, habitualmente relacionadas con el carril por el que tenían que circular. La suerte es que las velocidades eran bajas, menos mal, y yo iba siempre super alerta, desconfiando todo el tiempo de lo que pudieran hacer los demás. Al llegar al cole aparcaba mi bici en una esquina del patio a la sombra junto a otras bicis de compañer@s del cole, no muchas en realidad. Cuando llovía tenía la precaución de cubrir el sillín con un plástico y listo. Eso sí, me tocaba esperar a que dejara de llover, claro, para no empaparme. Lo bueno es que no llueve a menudo en Asmara aparte de en la época de lluvias en verano así que no había mucho problema en ese sentido. En invierno a menudo eché de menos no tener un par de guantes de camino al cole por la mañana porque yendo en bici se sentía más el frío.

Desde que las compramos íbamos prácticamente a todas partes en bici, excepto cuando íbamos a alguna fiesta elegante o a algún lugar muy lejos de casa. Tampoco usábamos las bicis por las noches o cuando sabíamos que podríamos regresar a casa de noche. Y es que en cuanto anochecía no había mucha iluminación por las calles y yo lo encontraba peligroso. La gente local está habituada y le da igual con lo que los ves en su bicis, sin luces de ningún tipo ni nada reflectante, de noche, por la carretera, circulando tranquilamente, sólo los ves cuando estás ya pegada a ellos, un peligro, la verdad. Para ellos es totalmente normal, no sé, deben de tener ojos que ven en la oscuridad porque yo no me lo explico.

Con las bicis también empezamos a ir a hacer la compra al mercado los fines de semana, toda una experiencia. Llevábamos nuestras bolsas de la compra y sendas mochilas a la espalda para cargarlas con nuestras compras. Así se nos iba la mañana del sábado. También salíamos de paseo a explorar nuevas zonas de la ciudad.

En Eritrea tienen su propia cerveza, Asmara Beer, que tiene mucho éxito, los cerveceros dicen que está muy rica. De hecho, lo habitual era que todo el mundo pidiera esa cerveza por encima de las demás marcas internacionales. Yo no puedo opinar porque a mi no me gusta la cerveza, ninguna. Dicen que está mejor la Asmara Beer de botella que la de lata. Cuando compras botellines lo normal es que tengas que llevar los cascos vacíos para que te puedan dar nuevos. El problema es que si no tienes cascos vacíos creo que no te dan nuevos, o si te los dan son más caros con lo cual, si no tienes cascos vacíos no puedes empezar a tener nuevos, la pescadilla que se muerde la cola. Paco se movió y consiguió una caja llena de botellines vacíos de algún expat que se iba con la que pudo empezar a tener sus reservas de cerveza en casa.

Un domingo por la mañana Paco tenía antojo de cerveza. Como no teníamos ninguna en casa salimos con nuestras bicis a un bar. No había cerveza. Fuimos a otro bar. Tampoco había. Preguntamos dónde podría haber. Nos recomendaron otro bar. Fuimos de bar en bar hasta 6 bares en diferentes puntos de la ciudad buscando la cerveza de Paco que no conseguimos encontrar. Si no hubiésemos tenido las bicis no habríamos podido hacer ese periplo en búsqueda de cerveza, periplo agotador y más para mi porque yo no tenía la motivación ya que a mi no me gusta la cerveza! Esto era relativamente frecuente, que no hubiera cerveza en los bares, de vez en cuando la fábrica dejaba de producir.

Otras consumiciones frecuentes nuestras en los bares eran el mai yaya o el mai plastic. Qué son el mai yaya y el mai plastic? Algo tan simple como agua normal y agua con gas! Cuando ibas a un café lo normal era pedir un capuccino, caffe latte, etc, todo al estilo italiano, resultado de la herencia italiana del país. También ofrecían muchos zumos naturales de frutas, de hecho, yo las naranjas más ricas que he tomado en mi vida son las de Eritrea, estaban increíbles, deliciosas, no las he vuelto a tomar tan ricas.

Una cosa que me gustaba mucho al ir a hacer compra en cualquier tiendita de alimentación es que las bolsas de plástico estaban prohibidas, tanto es así que si el dueño de la tienda las usaba le podía caer una sanción y acabar teniendo la tienda cerrada un mes. En su lugar utilizaban bolsas de papel. Pero lo mejor era el tipo de papel que utilizaban! Aprovechaban los folios que se utilizaban en los centros escolares, de exámenes(tachando los nombres de las personas), de fotocopias ya utilizadas, papeles de cualquier organismo que no tuviesen información confidencial de ningún tipo, todo folio que se pudiese reutilizar lo aprovechaban, juntaban dos, lo pegaban por los lados para formar un sobre y ahí te metían tu compra, o bien formaban un cucurucho con un papel solo y ahí te metían tu pequeña compra. La verdad es que me parece una idea genial, reutilizar el papel y así evitar plásticos, podíamos copiarla. Creo que las mujeres de la limpieza de mi cole recogían los papeles de la basura de las clases que veían en buen estado y los vendían para este nuevo uso, supongo que no pagarán mucho por ellos pero es mejor esto que tirarlos y ya. Cuántos papeles no se tirarán en una escuela al cabo del día!

miércoles, 1 de abril de 2020

Españoles en Eritrea

Durante mi tiempo en Eritrea sólo conocí a dos españoles que estaban de paso. La primera fue una chica que trabajaba para Cruz Roja, Unicef o algo así. Estuvo allí menos de dos meses. La conocí en una fiestecilla de la embajada americana a la que cada uno tenía que llevar algo de comer. En la mesa de la comida vi que había una tortilla y eso sólo lo podía haber preparado alguien de España. Pregunté quién la había traído y, bingo, efectivamente era una española. La volví a ver un par de veces más, una de ellas en mi fiesta de cumpleaños.

El segundo español lo conocí porque se estaba alojando, vía couchsurfing, en casa de uno de mis compañeros del cole. Para el que no lo sepa, couchsurfing es una manera de alojarte gratis en casas de gente por todo el mundo. Te pones en contacto por medio de la página web y así lo organizas. Mi compañero me avisó de que su huésped era español, y como un español en Eritrea es una rara avis quise conocerle. Quedamos a tomar un café y otro día vino a comer a casa. Era gallego, un chico joven que se había tomado un año sabático para viajar por el mundo, cosa que me parece una idea maravillosa. En Eritrea estuvo poco tiempo, quizá una semana o menos, consiguió visitar Asmara, Massawa y dudo que poco más. Y es que para viajar por el país, para salir de Asmara necesitas solicitar un permiso, cosa que al final te quita las ganas de moverte, yo fui a Massawa dos veces y ya, nada más, una pena en realidad. Pero bueno, cierto es que en Asmara me lo pasaba tan bien que no echaba de menos el irme a hacer turismo.

Las casualidades de la vida que demuestran que el mundo es más pequeño de lo que creemos es que, un año más tarde, estando de vacaciones en España, un amigo español me mandó un artículo periodístico acerca de Eritrea, escrito por un español que tuvo la oportunidad de viajar por el país. Y quién era el autor de ese artículo? El chico este que conocí! No recuerdo su nombre pero sí recuerdo que todo lo que leía tenía que ver con lo que él me contó de su viaje y las experiencias que tuvo.

Aparte de estos dos que conocí tuve una visita durante tres días de una amiga española que vive en Dubai. Esta chica tuvo una suerte tremenda porque vino en un fin de semana en el que teníamos muchos planes, fiesta cada día, así que le avisé de que se trajera modelitos elegantes. Llegó el jueves. Esa noche era la fiesta del Cinco de Mayo en casa de un americano: tremendo fiestón. Al día siguiente, fiesta elegante de la embajada de la Unión Europea. El sábado fiestón también elegante de la embajada sudafricana en el Hotel Asmara Palace, con cena buffet y bailoteo. Fue un finde estupendo.